La clínica y lo real.

En tanto el psicoanálisis pretende ser una nueva forma del tratamiento de lo real por lo simbólico surge siempre de la pregunta por la eficacia del psicoanálisis; lo que llamamos clínica, es un intento de dar cuenta de una práctica que por otra parte Lacan va a definir como lo real imposible de soportar.

Los antecedentes de lo que Lacan conceptualizara como real están en Freud, a él ese real se le presentó como obstáculo en la clínica, y en la teoría, imponiéndose ese giro que es Más allá del Principio del placer, que derroca la primacía del Principio del Placer, y que emerge como empuje mortífero, opaco que habita como lo más íntimo, y lo más ajeno, pero que sin embargo se revela como lo más propio de cada sujeto.

Lacan retoma ese Más allá freudiano, con el concepto de goce. El carácter contingente de la irrupción traumática, del encuentro fallido con el goce sexual, sedimenta en lo que se repite como letra, como respuesta singular, y es aquello que aleja a la clínica psicoanalítica de una demostración científica que responda a una ley universal.

Todos los que hemos transitado la enseñanza de Lacan sabemos que orientarse en ella no es fácil toda vez que esa enseñanza es un retomar o volver sobre lo transitado, produciendo en el lector un desencaje, o un dislocamiento con abordajes anteriores. No hay cierre en la enseñanza de Lacan, tampoco en cada uno de sus seminarios, y lo nuevo, sin coincidir, no destituye lo anterior. Es la demostración en acto de que Lacan, al igual que Freud no creía en el progreso.

En La Tercera[1], el Lacan que introduce el nudo Borromeo como nueva escritura de sus tres registros, retoma dos de sus definiciones de lo real en su enseñanza. La primera es," lo que no anda", lo que vuelve siempre al mismo lugar, donde indica que lo que hay que acentuar es el "Vuelve", porque lo que vuelve no retorna desde la "realidad", sino desde un lugar que aunque le concierne, el sujeto vive a la manera de un encuentro, estructuralmente fallido[2].

La segunda es lo real como imposible y responde a la lógica con que Lacan señala el límite del inconsciente como saber, que no solo introduce la falta simbólica, que llama, en su incompletud, al sentido, sino un agujero real: ese inconsciente se demuestra obtuso frente a la sexualidad y la muerte propia, revelando un saber en falta, en fracaso, en su lugar se escriben dos cosas, el fantasma que da marco a la "realidad" y por otra parte el síntoma.

El síntoma va a ser para Lacan la brújula para orientarse a lo real. El síntoma viene de lo real, y agrega, lo real, no es universal.

Freud pensaba el síntoma como suplencia sexual, Lacan, lo considera una respuesta, un arreglo frente al saber sexual en falta. El síntoma dice, viene de lo real, pero es en el trabajo analítico, donde, queda reducido a un significante que está excluido a la vez del campo de la significación y del sentido y que solo se precipita como letra en la escucha analítica que es lectura en el decir, de un goce escrito y mudo.

La nueva escritura nodal, muestra un real anudado, lo que aporta unas cuantas cosas nuevas a pensar, pero, a partir del cual, la intervención del analista puede ser pensada y articulada a los tres registros. La escritura de cuatro, revela la función del síntoma como cuarto que anuda los tres registros en el campo de la neurosis, y lo llama sinthome cuando repara el lapsus o el error en el anudamiento .

Si la clínica es lo real en tanto imposible de soportar. Para hacerle soporte, aguante incluso, es necesario poner el cuerpo, sudar la gota gorda. La clínica es, hoy en día una de las pocas cosas que se hacen de cuerpo presente y bajo transferencia porque la posición del psicoanalista, respecto del síntoma, está incluida en la definición misma de la clínica.

Lacan pensaba que hacer la experiencia del saber en fracaso es lo que mejor define al psicoanálisis, en tanto el punto opaco del goce que no cede en el síntoma, si le prestamos fe a Lacan, guarda la promesa de una identidad, no una identificación, a la espera de ser tomada como ocasión de un saber otro, un "saber hacer" con eso del cual Joyce fue para Lacan un ejemplo.

Freud nos dejó una preciosa metáfora que definía el síntoma como un viejo odre, dispuesto a llenarse de nuevo vino. Se podría pensar el odre como el punto de goce un invariable real, inamovible siempre disponible a llenarse del sentido parasitario que aporta el fantasma, el punto es como usar ese odre de otra manera, como tal vez elegir el vino que le conviene, o tal vez ya que es una vejiga de cuero, inflarlo y jugar un partido o hacerlo volar como un globo, o a la manera del bricoleur, transformarlo en lámpara que ilumine. Lacan alude a la invención de un saber hacer con el vacío en su ejemplo el famoso frasco de mostaza. No es sencillo, dar cuenta de cómo esto sucede, es la idea del pase más allá de su eficacia.

[1]La tercera, discurso pronunciado por Lacan en el VII Congreso de la Ecole freudienne de Paris, en Roma, en 1974

[2] Es el encuentro con ese S1 que no hace cadena y tiene la temporalidad del "ahora" ( actualidad) de la primera vez.

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