HACER CON LA IMPOSTURA EN TIEMPOS DE POS/VERDAD


Jim Morrison: Nació en 1943 en el seno de una familia americana media. Su padre, George Stephen Morrison, era Almirante de la Armada. En el ’55, a Morrison padre le fue encargada una misión secreta: Estados Unidos, ante el indeseado avance de la Unión Soviética en el Sudeste Asiático, necesitaba de algún evento militar que le sirviera como excusa para intervenir en la zona. Se le encarga entonces el PROYECTO MK ULTRA que consistía en fraguar, mediante videos falsos, un ataque norvietnamita a las fuerzas navales americanas en el Golfo de Tokin. Así se hizo. Convencida la opinión pública y el Senado, EEUU dio comienzo en Vietnam a la guerra más larga y con mayor cantidad de víctimas civiles de la segunda mitad del siglo XX.

El joven Jim, en cuanto tuvo edad, rompió relaciones con su familia, y como muchos de su generación, rumbeó hacia California, la meca de la explosión cultural por aquellos tiempos. Se dedicó a las letras y a la música. Fundó The Doors, quizá una de las bandas más originales e inspiradoras del rock de los años 60 y 70. Su poesía exquisita y desahuciada, el bello dramatismo de su sonido, la voz aguardentosa contrastante con el semblante de ángel torturado de Jim, su belleza y sensualidad inusuales, hicieron de The Doors una banda extraordinaria. Por aquellos años la canción “The end” resultaba el momento paroxístico de sus shows:

Este es el final, hermoso amigo. Este es el final mi único amigo, el final.

Envuelto en una melodía envolvente y extasiante, Jim recitaba:

Padre, ¿si hijo? Quiero matarte Madre, ¿sí hijo? Quiero…..

La versión grabada de este verso termina con un grito desesperado. Dicen sus biógrafos que la banda fue echada del local donde cantaban este tema en vivo luego de que, en lugar del grito, Jim declamara:”Mother. ¿Yes son? I want fuck you”.

Jim Morrison murió a los 27 años, al parecer, por una sobredosis de heroína, dejando una obra musical y literaria muy rica.

Sito a Marcelo Iconomidis: “Así fue como Morrison siempre negó la existencia de su familia, declarándolos muertos (...) ¿Fue Jim quizás, un ratón de laboratorio de su propio padre en el proyecto MK ULTRA? ¿Algunas de sus letras son criptogramas que aluden a esta grave operación que costó la vida de millares de vietnamitas? ¿O es que el silencio y la negación de Jim sólo tuvieron que ver con la relación con su padre?

Nosotros podríamos preguntar: ¿Fue la impostura de su Padre, partícipe necesario de un genocidio, quien lo desguarneció del goce incestuoso, arrojándolo así a una vida desbocada y a una muerte prematura?

Los personajes que se inmolan por el asco que da la impostura de la sociedad en que les tocó vivir, suelen ejercer sobre nosotros una irresistible seducción. Se llamó El club de los 27 a un numeroso grupo de estrellas de rock, todos excepcionalmente talentosos, que, como Morrison, murieron a los 27 años, debido a consumos excesivos: Jimmy Hendrix, Brian Jones, Jannis Yoplin. Más tarde: Court Cobain, Amy Winehouse… y hay más.

“Vive deprisa, muere joven y deja un bonito cadáver” rezaban los afiches con el bello rostro de James Dean, el Rebelde sin causa. ”Espero morir antes de llegar a viejo” decía ese himno de los ’60 que fue My generation de The Who.

Se descubre una curiosa afinidad con los héroes románticos: También en el Siglo XIX aparecen estos personajes sufrientes y descreídos de la moral imperante, que se suicidan o mueren de tuberculosis: Werther, Margarita Gautier, Mimí, Madamme Bovary, Valjean (Los Miserables). Ellos encarnan la desazón de una vida que no quiere salvarse, como respuesta subversiva ante el positivismo cientificista y al racionalismo de su tiempo. Vislumbran, en la propia muerte, la posibilidad de un más allá redentor de lo absoluto que pasa por la pasión.

Lacan, por su parte, en el Seminario de la Transferencia, se acerca a la dramática de Claudel: Jóvenes que se inmolan como respuesta a la canallada del Padre, a fin de preservar un pedazo noble de éste. Morir para trascender noblemente: Sygne, Lumir, Orian son jóvenes que se rehúsan a su deseo, sucumbiendo, ellos también, al empuje a la muerte, para obturar nada menos que el vacío de Dios. Sus sacrificios no parecen ser otra cosa que un intento desesperado de sostener, con un acto que hace pie en lo real, a un Padre Gozador que se pretende inmortal.

Todos ellos, en todos los tiempos se rebelan contra la impostura de un sistema envilecido, entregando su propia vida, para sostener una pureza presuntamente perdida. Pero el acto heroico es un acto fallido en sí mismo; porque un “padre” impostor reniega de la falta en la estructura. Ya no hay entonces agujero que obturar.

“Consagra tu vida a la verdad”, reza en latín la entrada de más de una institución educativa. La verdad, esa que solo puede decirse a medias, esa hermanada con el goce, es la que sostiene el discurso del Amo antiguo, y por tanto el de la neurosis, ordenando así a la civilización misma. Pertenecer a una cultura implica una adscripción a determinadas postulaciones en términos de alienación. Supone saberes no sabidos pero indiscutibles: “donde soy no pienso”- corrige Lacan a Descartes.

Por oposición, en estos días, la tan trajinada idea de posverdad, da cuenta de un vínculo distinto entre lo representacional y los hechos Hay que decir que como término no tiene buena prensa en el mundo intelectual. Pero atrae nuestro interés ya que su construcción semántica resulta provocativa: Pretende aludir a una ruptura, nada menos que con la verdad; yendo más allá de ella y de su antónimo, la mentira. Como subproducto necesario del discurso capitalista, da un paso más respecto de las imposturas ante las cuales se rebelaban aquellos jóvenes y bellos románticos. Tan cercana a la trampa y a la hipnosis del ecosistema mediático, a la hora de crear y modelar opinión pública, los hechos objetivos tienen menos relevancia que la apelación. La política de la posverdad o posfactual pretende estar más allá de la disputa por lo veraz. En términos de Bachelard, la realidad no será entonces lo que podría creerse sino lo que debería pensarse a partir de lo que nos invitan a imaginar.

Freud lo vislumbraba ya en Inhibición, síntoma y angustia.: “Supongamos que en un Estado cierta camarilla quisiera defenderse de una medida cuya adopción respondiera a las inclinaciones de la masa. Entonces esa minoría se apodera de la prensa y por medio de ella trabaja la soberana «opinión pública» hasta conseguir que se intercepte la decisión planeada”

Si la verdad es lo que necesita el discurso jurídico para juzgar a quién según su goce, postular una instancia más allá de la verdad con la facultad legítima de producir representaciones sociales, pondría en cuestión los fundamentos éticos de la civilización misma. Tanto lo moralmente aceptable como lo corrupto será lo que se ve y se sanciona por la ventana mediática. Nos deja, por tanto a merced de la vaga convicción de que toda verdad es mentira.

Las nuevas víctimas de este mundo ilusorio son presas, también, del goce mortífero del Otro. Pero ya no se inmolan, ya no pretenden perseguir la estética de la muerte, como los románticos En términos de Lacan, consumen hasta consumarse. Revientan:

Una chica de 15 años publica en una red social: "El jueves voy a suicidarme en la escuela y lo voy a transmitir por directo. Lo quiero hacer en directo pero no sé por dónde transmitirlo, ustedes díganme. Bueno les cuento. Voy a robarle el revólver a mi papá antes de salir para el colegio y pienso pegarme el balazo en la primera hora, así que si no se quieren perder el directo, van a tener que estar atentos a las 7:50 de la mañana….Tengo cinco balas. Si en ese momento se da para matar a 3 ó 4 compañeros, joya. Pero mi misión principal es el suicidio" La joven muere en el hospital pocos días después de hacer efectiva su amenaza. Lamentablemente no se trata ni remotamente de un caso aislado.

Lacan, tratando de arrojar luz sobre las modalidades de emergencia de la producción de subjetividad en la economía de mercado, plantea el matema del discurso capitalista: Partiendo del discurso del amo, en el discurso capitalista la fórmula se subvierte invirtiendo los términos de la proposición de la izquierda. El par ordenado S1-S2 se estrangula, afectando la producción de sentido. Como efecto de ello, la verdad, eso que se construye como efecto de discurso y sobre la que los sujetos pretenden sostenerse ya no solo posee estructura de ficción, es pura ficción. El sujeto suspende, entonces, su juicio de realidad, hasta rechaza el razonamiento deductivo mismo. “La historia del deseo se organiza en un discurso que se desarrolla en lo insensato” enseñaba antes, en El deseo y su interpretación. (Sem 6)

El falso sujeto, así producido, es desarticulado de sus insignias identificatorias. Al separarse los términos del fantasma, ya no puede sostenerse en él. Queda así devaluado, sin historia, recaído en la inmediatez. Al no pasar por la castración no hay pérdida de goce posible. El consumidor deviene insaciable. El consumo del objeto va consumiendo al discurso mismo. Por tanto el ser parlante se torna incapaz de inscribir su padecimiento como un avatar de su existencia misma. Queda a merced del dolor de vivir sin insignia alguna que le aporte sentido. Ya no hay lugar, entonces, para heroísmos románticos, solo alienación pura y estallido, “reviente”.

Al provenir del Discurso del Amo, el del capitalista tiene la facultad de manipular el deseo neurótico de ser amado por el Otro y ser garante de las verdades en que, a pesar de todo, pretende sostenerse. Esa es su potencia, pero también su punto vulnerable ¿Cómo operar, entonces, desde el discurso psicoanalítico? Volviendo a Freud, de lo que se trata es de producir el significante desde ahí. Ese que marcó el cuerpo signando su goce. Y no de asumir el lamento por un paraíso perdido. Localizar el saber en el lugar de la verdad, requiere de volver a reconectar los significantes que dan cuenta de la modalidad de goce de cada uno con sus marcas identificatorias. No perder de vista que si se apuesta a trabajar con la palabra, no hay discurso que no reenvíe a la causa. Se trata, en fin, de hacer hablar a las producciones del Inconsciente.

El Seminario 11 decía que son muy pocos los sujetos que, llegado el caso, no sucumben ante la seducción de ofrecerse en sacrificio a los dioses oscuros. En otras palabras, entregarse en cuerpo y alma como objeto de goce, a fin de sostener que al Otro nada le falta. Eso vale, creo yo, para todos los tiempos. Pero no podemos ignorar que no es lo mismo cuando el discurso que comanda reniega del agujero en la estructura.

Es imposible elegir el mundo en el que nos toca analizar, ni incidir en sus valores. Tampoco podemos cambiar las modalidades más o menos sofisticadas de producción de subjetividad, ni el nivel de ferocidad que adopta la exclusión. Sí podemos redoblar la apuesta, según sea el caso, soportando ese delicado equilibrio entre la función de la palabra y la de sostén del lugar en que el sujeto se ve a sí mismo, amable. Nadie puede preguntarse por su lugar de deshecho en el Otro sin antes haber sido alojado en alguna especie de ternura: Analizar implica también tener tetas.

Sería un horizonte del acto analítico por una parte, acompañar a nuestros analizantes en el desbroce entre los mandatos a gozar del superyó y los del mercado ( y de que manera cabalgan los unos en los otros); y por otra apostar al reforzamiento del lazo social, como un más allá de la melancolía ante la caída del Padre.

Empecé con “En el final” de Jim Morrison. Termino con “En el principio” de Blas de Otero:

Si he perdido la vida, el tiempo, todo lo que tiré, como un anillo, al agua, si he perdido la voz en la maleza, me queda la palabra.

Marcela Ospital

Agos

to 2017

BIBLIOGRAFÍA:

- Riders on the Storm. My Life with Jim Morrison and the Doors

John Densmore. Random House Publishing Group - 1990.

- La línea de Zeus. Microhistorias de rock. Marcelo Iconomidis – en Peter Capusotto y sus videos (programa televisivo) – 2016.

- Por qué la teoría de la ‘posverdad’ es mentira, Vox Populi, 29/11/2016, Javier Benegas

- Freud, Sigmund. Obras completas. Inhibición, síntoma y angustia. Tomo 20 – 1926.

- Lacan, Jacques. Seminario 6 - 1958/59. El deseo y su interpretación. (Versión Crítica)

- Lacan, Jacques. El Seminario. Libro 8: La transferencia - 1960/61.

- Lacan, Jacques. El Seminario. Libro 11: Los cuatro conceptos fundamentales de psicoanálisis - 1963-64.

- Conferencia de J. Lacan, pronunciada en el Museo de la ciencia y la técnica de Milán, el 3 de febrero de 1973

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