Sobre neutralidad y abstinencia

La posición del analista no es neutral, y sin embargo la del analista es una posición vacía, vacía de saber, vacía de sentido, vacía de moral, y por eso el colmo de lo ética.

La instalación de la transferencia es lo que apunta al lugar del analista como garante, como modelo, y como lugar del objeto imposible. Ese “a usted que se le ocurre”, es decir la regla fundamental introduce el campo de un saber a conquistar que va a contrapelo del no querer saber. Por eso Freud daba como condición para que el dispositivo funcione un agregado: el amor a la verdad, agregaría Lacan que concierne a la castración.

El dispositivo lleva a cuestionar todas aquellas respuestas que el sujeto se ha dado desde el punto de vista del Ideal o del síntoma, y a raíz de esta búsqueda que deconstruye casi todo, se va planteando el terreno de la verdad en fuga. Esto abre el terreno del deseo y de la cura hacia la vertiente de lo interminable. Pero el objeto es del orden de lo finito y es lo que cierra, en algún momento el curso de las asociaciones. El que viene, habla sin duda, pero además quiere ser amado y mientras habla pone en escena a la pulsión que se enlaza al analista bajo una forma fantasmática.

La transferencia es esa cita ineludible donde la “puesta en acto del inconsciente” anuda, el objeto, la angustia y el deseo del analista. Ya no estamos en la escena del deseo, como deseo que apunta a “otra cosa”, sino que se presenta la cuestión del alojamiento del objeto, bajo formas menos evidentes, a veces un modo silencioso y enigmático.

El dispositivo que invento Freud no hace más que llevar el sentido del síntoma hasta el punto en que cesa de tener sentido y es aprendido como goce, ahí el analista es llamado a operar poniendo del lado del sujeto la posibilidad de disponer de un goce, ahora desamarrado del fantasma y también de un saber pero que emerge con un efecto de verdad.

Cuando el analista consigue ubicarse en el lugar que le corresponde una cantidad de cosas pueden acontecer, una de ellas es que el saber del paciente opere en el lugar de la verdad y que algo se produzca de su lado, pero también que por momentos el analista sea tentado a, ocupar, a veces insensiblemente, el lugar de agente de los otros discursos lo que implica las desviaciones sobre las que Freud alertaba, no es amo, no es educador, no se ofrecerá como modelo. Desde luego su lugar debe estar lo suficientemente logrado a través de un análisis.

La experiencia viva de la práctica en el corazón de la transferencia es un saber a construir, nos coloca bajo el peso de una exigencia que no tiene, como la posición del, analista un discurso o una estructura ya lograda. Cada vez que queremos transmitir esa experiencia de destitución que implica ocupar el lugar asignado al analista, claro está, lo hacemos en un momento segundo.. Lo que implica un trabajo de recuperación donde hay pérdida.

Son los límites contra los que se estrella regularmente toda pretensión de un saber “todo”, soportarlo también forma parte de nuestra formación como analistas.

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