Sobre el objeto en psicoanálisis I

Para Freud el objeto es un objeto “perdido” en el momento inaugural del encuentro con el Otro. También, puede decirse que es un objeto “producido”, en el tiempo de futuro anterior, porque se produce, como resto del acto inaugural, del encuentro del organismo vivo con la estructura del leguaje que ya está ahí, encarnada en la figura del Otro.

Lacan lo definió como su “único invento”. En verdad las tres cosas son ciertas, perdido, producido o inventado la lógica de este objeto, convertido en letra, a, le permitirá a Lacan abordar, entre otras muchas cosas su lugar en la dirección de la cura, donde se actualiza como, falta que introduce la articulación significantes y que permite articular una pérdida anudada a la repetición, pero también como producción en el discurso y finalmente como algo que puede dar lugar a la invención.

La ubicuidad de este objeto llevo a Lacan a tomar prestados recursos de otras disciplinas por ejemplo la topología, y hasta inventar un neologismo brillante para dar cuenta de ese vacío central en la estructura, lo llamó “exterioridad íntima”, extimidad. Ajeno e íntimo, el objeto a, es la otra cara no significante del sujeto dividido, representado por un significante para otro significante.

La característica pulsátil del inconsciente definido en el S XI, como apertura y cierre marca esa doble pertenencia del sujeto. Lo que no se puede decir e insiste en trasferencia, se traduce como perdida. Allí se constata que es como si pasáramos, en el recorrido de una cinta de Moebius, de lo simbólico/ imaginario en juego en la demanda articulada, a la emergencia de un real que contiene una demanda articulada pero no articulable, es decir muda que se vincula con la problemática del acto, y ambas se dirigen al analista.

El objeto pulsional recortado por la demanda del Otro, es anterior a la de la cubertura fantasmática, es un objeto parcial circunscrito por las marcas del Otro, definida como signo, y finalmente como letra, que da cuenta del objeto de goce que fuimos en la demanda del Otro, aquel, que en palabras de Freud, fue el Otro prehistórico inolvidable a quien ninguno posterior iguala ya. [1] El objeto a, no es un objeto del mundo sensible, no es el objeto de deseo, es su causa privada, y contingente, que solo se cede al campo del sentido al precio de una perdida de goce y en la recuperación de un plus goce parcial que hace nudo con la repetición.

Como perdido, el vacío del objeto alude a la Cosa, es lo que se sustrae a la representación, pero ese vació es productivo en tanto allí el objeto pulsional adviene como recuperación de goce parcial. [2]

La equivalencia simbólica de los objetos pulsionales, que Freud introduce, fundada en el valor fálico, abre el terreno de la sustitución y proliferación de los objetos, en el doble valor de representante narcisista o valor de goce. Es por ello que Lacan fue capaz de hablar, en el Seminario[3]XVII, de la homología entre el plus de gozar y la plusvalía marxista. Se puede pensar el objeto a como una articulación del vacío de la Cosa y los objetos de la pulsión y por lo tanto puede jugar como como falta/ vacío, /causa/ repetición o como tapón, respuesta fija y de goce coagulado que hace al síntoma y al fantasma respuesta automática. Aquí se abren las alternativas de la dirección de la cura y los desafíos a la posición del analista.

El trabajo analítico cuando trabaja la vertiente del deseo inconsciente, lleva al develamiento de la verdad del sujeto, no se trata de una verdad universal, sino de una verdad singular y contingente, que perfora el saber que se presenta como “todo” ese recorrido arrojará aquellas letras que localizan una posición fantasmática. La dirección de la cura se orienta a desprender allí el falso ser de objeto que se ha sido en ese Otro primordial, pero esto no es sin angustia, porque el fantasma velaba la castración en el Otro. La verdad es que hay un -saber en falta, es lo que Lacan pronuncia, como “no hay relación sexual”, no hay complementariedad en los sexos, hay en cambio una a-sexualidad, perversa y polimorfa como la localizó Freud. Perdida la complementariedad de los sexos, el valor del objeto pulsional, funcionando en el fantasma, es el de suplemento del saber/goce que falta.

El atravesamiento del fantasma, pensada como el fin de análisis, implica una ganancia, si hace del objeto, causa de deseo, poniendo a trabajar la fuerza pulsional del lado del sujeto lo que implica una nueva redistribución en la economía política del goce. Para ello es necesario que el objeto caiga en el lugar del analista, para habilitar en el recorrido de un análisis, la perdida del lugar fijado donde sin saber reinaba el goce del Otro.

[1] Freud indica que ese Otro, es simultáneamente el primer objeto-satisfacción y el primer objeto hostil, así como el único poder auxiliador.

[2] Segundo Momento en el esquema de la separación, donde el goce pulsional recorta de la cadena el S1 que lo separa del S”, saber del Otro.

[3] Seminario XVII. El reverso del psicoanálisis. J.Lacan. Paidos.

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