Fantasma y fantasía: De la fijeza de la repetición al acto creador.


Entre el artículo “Un niño es pegado” y El poeta y las fantasías, Freud abre un terreno que va de la fijeza del fantasma definido como fundamental luego por Lacan, a la función de las fantasías y su papel en el acto creador.

En una cita de 1987 Freud leemos:

Al mismo tiempo, las fantasías sirven a la tendencia de refinar los recuerdos, de sublimarlos. Son establecidas por medio de las cosas que fueron oídas y que se valorizaron con posterioridad, y así combinan lo vivenciado y lo oído, (…) con lo visto por uno mismo. (a)Ellas son a lo oído como los sueños son a lo visto. En el sueño no se oye nada, sino que se ve. (Predominancia de lo escópico)

Es posible perseguir el camino, tiempo y material de la formación de fantasía, que por otra parte es en un todo semejante a la formación de sueño, salvo que no es una regresión, sino una progresión dentro de la figuración.[1] Freud Manuscrito L

Las semejanzas entre sueño, fantasía diurna y realidad, fueron trabajadas por Freud y Lacan, en el sentido de que la realidad psíquica tiene como escena una estructura de ficción. [2] La realidad es algo construido sobre las nostalgia de lo perdido y el anhelo de lo que vendrá en la perspectiva del deseo. La conciencia oscila entre la novela neurótica, el pasado novelado y el futuro, horizonte donde el deseo sueña su realización.

En la formación fantasmática Freud acentúa la predominancia de “lo oído”. Ese artículo neutro, apunta a la presencia de lo que constituye la marca, inscripción o huella del objeto voz y que impone su relectura posterior lo que engendrará el surgimiento de las versiones posibles, mientras que en el sueño se trata de la predominancia eficiente de “lo visto”.[3]

Allí la fijeza y la fascinación de lo escópico alude a lo que Lacan ponía de relieve en el Estadio del espejo como esa vocación “estatuaria “del yo y que más tarde se revela como la coalescencia encubridora del objeto.

La siguiente oposición que Freud plantea como diferencia es en relación al carácter regresivo del sueño hacia el polo perceptivo, con la predominancia del objeto mirada, (siempre en tiempo actual) en contraste con el carácter progre diente de la fantasía.

Los analistas entendieron rápidamente la importancia del fantasma en la dirección de la cura. Síntoma y fantasma se opusieron clásicamente, haciendo del síntoma la puerta de entrada del análisis, mientras que el fantasma aparece como ese residuo o roca persistente e inamovible al que se arriba al final del análisis. Detrás del fantasma está la particular repuesta que sujeto porta sin saberlo, ante el enigma del deseo del Otro.

Deseo y fantasía por un lado y fantasma fundamental, por otro pertenecen a dos regímenes diferentes, el deseo como metonimia acusa su pertenencia al ámbito del lenguaje y por lo tanto al de la sustitución, mientras que el fantasma arranca de la circunscripción en principio fija de la escena. Dos temporalidades diferentes, la temporalidad metonímica del deseo y por otra la fijeza y eficacia actual y muda del fantasma.[4]

Si queremos dilucidar que estaba pensando Freud cuando afirma que la fantasía tiene al revés del sueño un carácter progre diente. Podemos pensar que es el deseo el que confiere al goce anudado al fantasma ese impulso a la realización bajo la forma de un destino que puede llegar a encontrar su tope en la formación del síntoma, como otra forma de satisfacción bajo represión, o a la inhibición, bajo la forma del impedimento yoico, o a la angustia para mencionar solo los destinos más conocidos.

Pero el destino que nos interesa es aquel que arrancando a la pulsión de la represión y por una operación que incluye al yo, lo atraviesa, llevando a ese acto que Freud llama sublimación.

Primer punto a recordar. Si la pulsión no es forzada a pasar por la represión, eso quiere decir que en esa operación no están implicados los ideales.

Sin embargo, Freud señala que uno de los requisitos de la sublimación es que logre hacer lazo, es decir que anude al goce singular un reconocimiento social. La sublimación es algo extremadamente particular que sin embargo es capaz de alcanzar a otro. Cuando esto ocurre, inscribe en el Otro algo que no estaba. (Algo cesa de no inscribirse). La sublimación como cuarto destino de la pulsión no es un goce auto erótico, ni un acto de sometimiento al ideal. Esto enardece al neurótico de admiración para aquel capaz de realizar semejante hazaña, ya sea intelectual, artística o sexual.[5]

La capacidad del poeta tan alabada por Freud y tan enigmática en última instancia, admite ser gozada pero no interpretada, por una razón de peso, no es producto de la represión como lo es el síntoma.[6] La producción sublimatoria, al liberarse del ideal, en su acto engendra un nombre propio.

Ahora bien "No toda sublimación es posible", frase que Lacan propone en el seminario de la Ética que cabe reformular bajo el modo "No es posible sublimarlo todo". Era también la opinión de Freud:

“Cierta parte de las mociones libidinosas reprimidas tienen derecho a una satisfacción directa y deben hallarla en la vida.”[7]

Por otra parte “no todo” puede ser traducido a palabras, la verdad es también “no toda” y por eso es algo que se dice a medias, y es la imposibilidad de decirlo todo lo que tensa el lenguaje hacia la sublimación poética. La sublimación no .salva al sujeto de su deseo, por otra parte no puede enseñarse ni imponerse como panacea de la cura. Si todo marcha hacia la salida del análisis el sujeto podrá lidiar con lo aquello en lo que estaba trabado. La dirección de la cura es siempre la de anudar la fuerza pulsional al deseo.

Allí donde la enfermedad es repetición, cárcel, queda la chance de que el neurótico se dé la oportunidad de revisar sus represiones, de curar lo curable, y logre arreglárselas con lo incurable

[1] Las bastardillas son nuestras.

[2] De allí la importancia de este párrafo.

[3] ”.. Los dos polos de la fórmula del fantasma involucran “lo visto y lo Oído” como la estofa fundamental sobre la que se construye no solo el fantasma sino el yo, la realidad psíquica y sus objetos señuelos.”

[4] Sobre todo en transferencia.

[5] En el seminario XIV.

"Es en la medida donde alguna cosa, algún objeto, puede tomar el lugar que toma - j en el acto sexual como tal, que la sublimación puede subsistir dando exactamente el mismo orden de Befriedigung que está dado en el acto sexual,..."

[6] Como el fantasma, la sublimación es respuesta al vacío de la causa. Evocamos aquí uno de los ejemplos más bellos que da Lacan en el seminario 7 de la Ética que es el de la vasija. Y la invención del alfarero de la vasija en torno al agujero.[6]

[7] Cinco conferencias sobre Psicoanálisis. Vol.11,S.Freud

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