Extimidad de los cuerpos.


(Hablando del amor) Que sus misterios, como dijo el poeta, son del alma, pero un cuerpo es el libro en que se leen. (John Donne)

El cuerpo ¿es eso que soy, que tengo, que goza o que gozo?, la palabra cuerpo nombra lo más familiar y lo más ajeno al sujeto.

Los cuerpos que hablan dan que hablar, y así hay historias del cuerpo, políticas del cuerpo, legislación de los cuerpos, explotación de los cuerpos, hay sobre todo, una ciencia que interviene sobre el cuerpo, pero ningún abordaje apresa del todo el misterio de esa conjunción- disyunción que existe entre el cuerpo y lo que en psicoanálisis llamamos inconciente.

Los animales poseen un “saber hacer” con el sexo y se reproducen sin historias. En el mundo humano la sexuación embraga sobre el lenguaje, pero el lenguaje es mal entendido, reparación y ponzoña al mismo tiempo.

El cuerpo habla en el lugar de un vacío que se inscribe como falta de su lado, cuyo nombre es castración. Eso lleva a Lacan a decir que, paradójicamente, es por un mal entendido predestinado que la gente finalmente copula. Y entonces otros cuerpos vienen al mundo fruto de un deseo, poco importa que el que llega haya sido querido o no. [1]

La condición de enigma del propio cuerpo es algo que se presenta en la experiencia del psicoanálisis desde el inicio. El hallazgo freudiano fue tomar el síntoma como una afectación del cuerpo por los efectos de lenguaje, que habitan la “otra escena” y que el sujeto ignora. El cuerpo en psicoanálisis nunca será aquel cuerpo anónimo objetivado por la ciencia.

Es desde una subjetividad que el cuerpo le habla al Otro porque ha sido hablado desde antes de su advenimiento, cuerpo imaginado, creado en una trama de deseos que lo precede.

Las Histéricas abrieron para Freud las puertas del inconciente, pero el inconciente y toda su retórica fascinante, circunda un ombligo que lleva a lo real, cuyos nombres Freud enuncia muy temprano, sexualidad y muerte.[2]

Vacío de escritura cuya coerción se van haciendo cada vez más evidente, empujándolo a ese “más allá” donde la satisfacción se desentiende del principio del placer y de toda concepción del “propio bien”.

La cuestión del goce empieza a plantearse a partir del descubrimiento de esa particular forma de satisfacción que Freud llamó pulsión, concepto límite que nombra un goce fragmentado a lo Frankestein, un goce acéfalo que el cuerpo- Narciso- imagen viene púdicamente a cubrir y a enredar en los meandros del amor o del odio o de la ignorancia que subyace al fantasma de la autoconciencia.

La gramática pulsional que Freud hace equivaler al acontecer pulsional, arranca a la Pulsión del terreno puramente biológico.

El cuerpo propio es también el soporte de la ley y condición de la escritura de esa ley. [3] Bajo estas coordenadas el cuerpo, pero también la palabra para el hablante es algo que nunca le pertenecerá del todo, siempre habitarán ese borde impreciso, tanto íntimo como extranjero.

El cuerpo alberga el misterio de la sexualidad y la certeza de lo perecedero y por está razón toca lo que antiguamente era el concepto de sagrado.

Lo sagrado remite a lo religioso[4]. Una versión alude a la tumba. Relata que el hueso sacro es lo único que perdura cuando los restos desaparecen. Aquí lo sagrado, evoca el resto mortal; objeto de respeto y veneración pero también de repulsa.

Otra de las versiones (latinas), deriva la etimología de sagrado (sacer) al hueso sacro, os sacrum (hueso sagrado), situado en la base de la columna vertebral y en la porción superior de la pelvis, debido a que fue, antiguamente, un hueso ofrecido a los dioses en sacrificios. Se trata de la tajada de goce que se sacrifica en el altar del Otro, renuncia pulsional en cuyo origen ve Freud el fundamento de la cultura.

Se trata de un cuerpo sexuado y mortal al que hay acomodarse con un libreto incompleto en lo tocante al saber. Ese saber que irremediablemente falta ocupa el centro de la clínica psicoanalítica. Punto donde el Otro como garante se pasma; allí se erige el fantasma, roca viva, soldadura inconcebible que anuda la libra de carne a una escena hecha con la estofa de lo visto y lo Oído, velando el vacío de la no relación sexual.

El cuerpo no solo es materia viva sobre el que se escribe la letra, sino cuerda que vibra a la voz tonante, o al silencio estruendoso del Otro. Cuerpo aunado por la mirada, recortado por la síncopa, acunado por la rima, capturado en fin por el Lenguaje.

[1] El cuerpo no hace aparición en lo real sino como malentendido.

Seamos aquí radicales: vuestro cuerpo es el fruto de un linaje, y buena parte de vuestras desgracias se deben a que ya nadaba éste en el malentendido tanto como podía.

Seminario 27 la disolución J.Lacan

[2] XX PSICOPATOLOGÍA DE LA VIDA COTIDIANA 1900-1901 [1901]

El olvido de nombres propios.

S,Freud

[3] “El cuerpo esta hecho para ser marcado, siempre se lo ha hecho, y siempre el primer comienzo de gesto de amor es esbozar, más o menos, este gesto.” ( La lógica del fantasma) clase18

[4] ¿Qué es Dios? Que hayamos nacido.

Que hayamos nacido de otros distintos a nosotros. Que hayamos

nacido en un acto que no nos imaginamos. (…)

Somos el fruto de una sacudida entre dos pelvis desnudas, incompletas, avergonzadas una frente a la otra, cuya unión fue ruidosa, ritmada, gimiente.

“ El odio a la música”. Pascal Quignard

Publicado en Lalengua, publicación oficial de Convergencia Movimiento Lacaniano por el Psicoanalisis Freudiano

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