El síntoma en el nombre


El síntoma en el nombre

“¿Qué fue para ese niño su madre, y esa voz por la que el amor se identificaba con los caminos del deber?. Se sabe bien que para querer sobremanera a un niño hay mas de un modo”.

La juventud de Gide

Lacan, Escritos II.

Preguntarse porque caminos, pasan los fantasmas, para ir de la madre al niño, nos pondría en el camino por el que estos fantasmas toman sus incidencias efectivas.

Es necesario comprender en el caso por caso, los desfiladeros por los que se produce esta transmisión, ya que los fantasmas que la madre despierta en el niño, tienen que ver con su subjetividad, con su falta y con su particular modo de ubicarse ante ella.

El destino del niño como sujeto, estará en relación al lugar que el inconsciente materno y luego el paterno reserven a este objeto, surgido en lo Real.

El niño por nacer esta ya sujetado en el decir de los padres, pero solo al nacer surge como cuerpo, como real en el mundo. La madre, a través de sus cuidados, y fundamentalmente de su voz, regulara lo imperioso de la necesidad. En ese momento se pondrá a prueba el amor maternal, que anida en su falta, o su voluntad, que anida en el goce.

La madre deja marcas en el niño, marcas de lenguaje, que tocan el cuerpo. Nos preguntamos ¿Cómo emerge un sujeto de la huella que le viene dada por este Otro?.

La práctica del psicoanálisis con niños nos muestra que en la transmisión de padres a hijos opera la Letra, como soporte material del significante y como Letra de goce.

En la cadena de las generaciones se movilizan y despliegan las marcas que transmiten los padres, puestas de manifiesto en las identificaciones.

El psicoanálisis con niños revela que en las neurosis, lo no resuelto en los padres, es decir, su posición frente a la sexualidad y la muerte, pasan como formaciones, que en su imposibilidad de simbolización, pasan de una generación a otra generación, como memoria sin recuerdo. Es el significante el que oficia de pasador del mensaje del Otro, mientras que la Letra, es al mismo tiempo soporte material del significante y borde litoral entre saber inconsciente y goce.

En la infancia, en el tiempo de aprendizaje de las letras, en muchas ocasiones nos consultan ante inhibiciones o síntomas, que los analistas de niños pensamos, como producto de la eficacia del primer tiempo de la constitución del sujeto.

Un breve comentario clínico:

Escuchemos la voz de una madre, refiriéndose a la elección del nombre del niño por el que me consulta: ”A mí me gustaba el nombre Pedro. Yo lo elegí. Mi marido es un hombre grande, yo le decía, vos te tendrías que llamar Pedro, así cuando seas viejito te dicen Don Pedro. Tiene el cuerpo grande. Pedrito, me encanta”

Pedro tiene 8 años. El niño tiene problemas en “lengua”, su letra es indescifrable, no pronuncia las R. Ha consultado también con una fonoaudióloga. Entre los 2 y los 5 años, el niño en varias oportunidades tomo tóxicos, como insecticida, remedios para piojos, para hormigas. Estos episodios terminaban en emergencias hospitalarias en medio de la desesperación de los padres. En el último episodio el padre le dijo:”La próxima vez que hagas esto te dejo que te mueras”.

“Pedro no acepta su nombre (dice la mama), cuando comenzó el colegio no quería hablar en la escuela, cuando le preguntaban cómo se llamaba, el nombre lo tenía que decir yo”.

Hasta ese momento Pedro permanecía en silencio.

Intervengo dirigiéndome a él: Claro habrá sido difícil para vos, decir MI NOMBRE ES PEDO.

Pedro me mira y sonríe asintiendo.

¿Qué nombra PEDO?.

PEDO nombra la presencia del toxico en la prehistoria de este niño. En el transcurso de las entrevistas aparecieron en el relato de Beatriz, el alcoholismo del abuelo paterno, la adicción del papa de Pedro a la cocaína y tomar una cervecita y escuchar música de ella misma, alejada, en el jardín, cada vez que discutía con su marido.

Entre los 2 y los 5 años, el niño subido a la marea pulsional, toma tóxicos, poniendo en riesgo su vida, hasta que la pulsión encuentra una escena fantasmatica en la que sostenerse.

El fantasma interpreta lo que por estructura no puede decirse, interpreta el chupar ser chupado.

La R muda afona, máxima expresión de lo que no puede decirse, y sin embargo se dice, la R elidida, constituye entonces la cifra del síntoma. La función de la Letra es pasar de una escritura a otra escritura. El Síntoma o el padecimiento de un niño se pueden desplegar en una letra.

En el análisis de niños, el juego, el dibujo, son las vías de salida posible del atolladero narcisista. El juego aporta las imaginarizaciones que permiten transformar, hasta tornar inofensivos a los fantasmas ,que de un modo u otro provocaban padecimiento.

En otro tiempo de su análisis, Pedro toma la palabra y me dice: “Te voy a hacer una adivinanza ¿sabes que hay una palabra que tiene de la A a la Z? ¿a ver si la sabes?, no sabes! No sabes!, la palabra es ARROZ”.

La R, ya no es muda, la duplicación es un modo de hacer frente a la angustia de castración. Hay entonces un algo, una letra que paso al inconsciente. En un análisis, lo que puede hacerse con un síntoma es acotarlo, descompletando el goce implicado en el, hasta el punto en que el lenguaje pueda hacer con él, equívoco, transformando un síntoma en una chanza,o lo que es lo mismo, transformando la tragedia, en comedia.

MIRIAM BRITEZ

Circulo Psicoanalítico Freudiano

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